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Una nueva técnica prometedora: el hormigón de arcilla o tierra vertida.

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En el último número de la revista Ecohabitar, Joan Romero (Okambuva) y yo, Lucile Couvreur (miga, oficina rural de arquitectura y construcción), hemos publicado un artículo titulado “Construir con tierra vertida: ¿ Una nueva alternativa al cemento ?”. Si no lo habéis leído aún, os ofrezco en este post una pequeña introducción a la temática.

Artículo  “Construir con tierra vertida: ¿ Una nueva alternativa al cemento ?” Joan Romero y Lucile Couvreur en Ecohabitar n°63 (Foto: miga).

Dentro de los elementos que componen el hormigón convencional, grava, arena y cemento, este último es el mayor responsable de las emisiones de CO2 vinculadas a la producción del material. El aglomerante representa solo el 12% de peso del material, pero es responsable del 98% de sus emisiones de CO2. Unas emisiones que no son nada despreciables: a nivel global, la producción de cemento es responsable del 5% de las emisiones de CO2[1], un impacto similar al del tráfico aéreo.

 

Partiendo de estas premisas, es urgente encontrar una alternativa al hormigón de cemento y quizás la solución esté debajo de nuestros pies: el material “tierra” ! Si es cierto que su resistencia no es equivalente a la del hormigón, para muchas aplicaciones puede bastar y por lo tanto representar una alternativa real.

 

La tierra en realidad es un hormigón natural, salvo que a diferencia del hormigón de cemento, sus granos están cohesionados por un aglomerante natural, las arcillas, con todas las ventajas que esto representa a nivel de reciclabilidad, baja huella medioambiental (no hay cocción), regulación del confort higrotérmico, etc.

La tierra vemos que se compone de granos inertes de diferentes tamaños (grava, arena, limos) unidos por un aglomerante natural: la arcilla. (Foto: Tânia Teixeira)

Desde milenios y en todo el planeta la tierra se ha puesto en obra mediante diversas técnicas como son la tapia y el adobe (muy presentes en la arquitectura popular y monumental de Extremadura, tanto en la provincia de Cáceres como en la de Badajoz)[2], pero también otras numerosas técnicas como son el entramado (denominado  quincha o bahareque en suramérica), el cob (muy presente en Bretaña, Normandía y Gran Bretaña), etc.

 

Explicar porqué estas formas de construir se encuentran hoy “en peligro de extinción”tiene una complejidad que no abordaremos en este artículo[3] , pero uno de los motivos que podemos destacar es claramente la industrialización progresiva que ha conocido el sector de la edificación desde el siglo pasado, y por lo tanto el abandono de las técnicas artesanales asociadas a un trabajo manual demasiado importante para poder convertirse en un producto viable en el mercado.

En Hornachos (Badajoz). A la izquierda: muro construido con la técnica tradicional de la tapia (tierra apisonada), a la derecha: muro de bloques de hormigón. (Foto: miga).

Por lo tanto surge una pregunta: de la misma forma que se ha sustituido la tapia (tierra apisonada en un encofrado) por el hormigón (mortero de cemento vertido entre encofrados) para ganar tiempo,  ¿ no podríamos poner en obra la tierra de forma “vertida” y así tener las ventajas del hormigón de cemento (rapidez de ejecución) sin sus inconvenientes (alta huella ecológica)? La respuesta es sí, y la técnica se llama “tierra vertida” u “hormigón de arcilla”, una técnica que se encuentra hoy en pleno desarrollo (aquí se puede ver un video de una obra de tierra vertida).

 

Las primeras experiencias datan de los años 90 en Nevada (EE.UU.), donde se documentan las primeras obras con la técnica que llamaron “cast earth”, un hormigón de arcilla prometedor aunque todavía se requiere un 15% de yeso para poder desencofrarse sin secado previo (una de las principales problemáticas ligadas al hormigón de arcilla).[4]  Al final de los años 2000 en Grenoble (Francia), los arquitectos y constructores de la cooperativa Caracol empiezan a implementar la técnica. Centrados en un primer momento en su uso para la rehabilitación del patrimonio local mayoritariamente construido en tapia, pasan al poco tiempo a usar la técnica para realizar muros y losas en obras de nueva construcción. Usan la tierra local reformulada con áridos y estabilizada con 2 a 4% de cemento Portland y añadida de dispersantes sintéticos.

 

De 2010 a 2013, Caracol colabora con varios agentes del mundo académico y empresarial (Carrières du Boulonnais, CTMNC, AKterre, ENTPE, INSA Lyon, CRAterre, ENTPE y amàco-Les Grands Ateliers) en un proyecto de investigación cofinanciado por el Ministerio de la Ecología titulado Béton d’Argile Environmental, un proyecto que conozco de primera mano por haber participado en su realización. [5] Este proyecto marca un antes y un después en la comprensión de las problemáticas ligadas a la técnica además de materializarse en la construcción de varios edificios pilotos con elementos portantes y no portantes de tierra vertida.

 

Tras la finalización del proyecto, se sigue investigando en INSA Lyon llevando a importantes avances en los últimos años, como por ejemplo el descubrimiento de los alginatos gelificantes como alternativa al cemento.[6] Cabe destacar también las importantes contribuciones aportadas últimamente por la ETH de Zúrich con publicaciones sobre las dispersión y estabilización de los hormigones de arcilla.[7]

 

Todas estas investigaciones no tendrían sentido en ausencia de iniciativas para llevarlas “al terreno”, y por lo tanto es de agradecer ver florecer iniciativas como Materr’up (Francia) o Oxara (Suiza), unas startups que formulan y producen hormigones de arcilla, en particular a base de tierras provenientes de operaciones de excavación.

Muestras de hormigón de arcilla realizadas a partir de tierras locales en Montemor-o.Novo (Portugal). (Foto: miga).

 

En la península ibérica se está empezando recientemente a trabajar en la técnica. Desde hace unos años, la cooperativa Okambuva en colaboración con la Universitat politécnica de Valencia estudia el efecto e interacción del tanino de algarrobo con los distintos tipos de familias de arcillas puras. Por otra parte, desde hace unos meses desde miga estamos trabajando en colaboración con la arquitecta Tânia Teixeira del Laboratório de Terra de Oficinas do Convento (Montemor-o-Novo, Portugal) en la formulación de hormigones de arcilla a partir de tierras locales con vistas a la realización de obras a escala 1:1.

[1] Fuente: “¿Cuánto CO2 se emite cuando empleamos hormigón?”, Blog UPV, 8 de noviembre 2014.

[2] Ver nuestras publicaciones al respecto, en particular:  Alejandro Buzo y Miguel Rocha (2014) , “Extremadura”, en La restauración de la tapia en la península ibérica (Camila Mileto y Fernando Vegas, Ed. Argumentum)  (disponible a la venta aquí)

[3] Ver el trabajo que realizamos a través de Dehesa Tierra Asociación

[4] Michael Frerking, Cast Earth, a Revolutionary Building, Building Standards (2000).

[5]  MOEVUS, Mariette, COUVREUR, Lucile, CLOQUET, Basile, FONTAINE, Laetitia, ANGER, Romain, DOAT, Patrice. Béton d’Argile Environnemental : résultats d’un programme de recherche tourné vers l’application. Villefontaine : CRAterre. 87 p. ISBN 978-2-906901-94-0. (2016) (disponible en libre acceso aquí)

[6] Alban Pinel Towards poured earth construction mimicking cement solidification: demonstration of feasibility via a biosourced polymer, Materials and Structures (2017)

[7] Gnanli Landrou, Coralie Brumaud, Frank Winnefeld, Robert J. Flatt  and Guillaume Habert , Lime as an Anti-Plasticizer for Self-Compacting Clay Concrete. (2016)